El origen del yoga postural moderno
Entre la desilusión, la evidencia y una historia más compleja de la publicación.
Roberto De Pedro
1/6/20268 min read




Pinturas murales del Mahāmandir con la misma Kpología de un yogui Nāth representado en tres āsanas diferentes. Fotograda de Jacqueline Hargreaves, 2009.
Más allá de la India: el giro tibetano
La publicación reciente de The Dawn of Physical Yoga de Giacomella Orofino añade una pieza decisiva al rompecabezas. El libro traduce y analiza un texto conservado en la tradición tibetana, el Amṛtasaṃkaṭanibarhaṇa, vinculado al corpus del Amṛtasiddhi y datado en torno al siglo XI. Este texto describe 108 movimientos corporales encadenados, orientados a la transformación física y a la superación de los obstáculos hacia la inmortalidad, ofreciendo una evidencia clara de prácticas dinámicas de yoga corporal anteriores a la formulación moderna y global del yoga postural.
Este descubrimiento obliga a reconsiderar la cronología del yoga dinámico. Las secuencias descritas incluyen movimientos encadenados, transiciones fluidas y patrones repetitivos que recuerdan claramente a prácticas modernas como Ashtanga Vinyasa Yoga y otras prácticas dinámicas de Hatha yoga. La idea de que el movimiento continuo sea una invención del siglo XX resulta, a la luz de esta evidencia, insostenible.
Surajabheda āsana of the Udaimandir. Photograph by Neil Greentree, 2019.


¿Y los maestros modernos?
Nada de esto niega el carácter innovador de figuras como T. Krishnamacharya, Swami Sivananda o Bishnu Ghosh. Su aportación fue decisiva: pedagógica y con el fin de sistematizar y adaptar prácticas heredadas a un mundo moderno. Sin embargo, verlos como “inventores” aislados oscurece la realidad. Más justo es entenderlos como herederos y reorganizadores de un archivo corporal amplio, transmitido en gran medida de forma oral y práctica.
Algunos elementos del yoga moderno —como determinadas transiciones, ciertas variaciones de guerreros, estocadas, gestos marciales, secuencias de fuerza o gestos dinámicos— sí parecen tener influencias de la cultura física moderna, tal como sugiere James Russell. El yoga postural moderno es, en efecto, híbrido. Pero híbrido no significa falso. Significa vivo.
Resulta significativo que muchos maestros modernos raramente citaran estas fuentes premodernas, en parte porque operaban dentro de una lógica pedagógica y devocional más que historiográfica, y en parte porque muchas de estas tradiciones no estaban codificadas en textos accesibles en su tiempo.
Tradiciones invisibilizadas y límites del archivo
Un problema central en la historia del yoga es que tendemos a identificar tradición exclusivamente con texto. Muchas prácticas corporales no se escribieron deliberadamente: para protegerlas, para mantenerlas dentro de linajes específicos o simplemente porque no pertenecían a las élites alfabetizadas. La ausencia de evidencia escrita no es evidencia de ausencia.
Como señalan algunos practicantes contemporáneos, el deseo occidental de “tener la última palabra” sobre los orígenes del yoga a veces ignora esta realidad. El yoga siempre ha convivido con otras prácticas físicas y espirituales, y su historia sigue reescribiéndose a medida que aparecen nuevos manuscritos y estudios.
Una conclusión abierta
Aceptar que el yoga postural moderno es a la vez antiguo y moderno no lo debilita. Al contrario, lo sitúa en su justa dimensión: una tradición dinámica, adaptativa y profundamente humana. La investigación académica no destruye el yoga; lo libera de mitos simplistas y nos permite practicar con mayor honestidad. Debemos tener paciencia, discernimiento y no seguir cayendo en polaridades inmediatas muy acordes a este tiempo.
El yoga postural moderno emerge de un proceso complejo de continuidad y transformación. Lejos de ser una invención puramente moderna, se apoya en un sustrato premoderno diverso, fragmentario y regionalmente diferenciado, reinterpretado a la luz de las condiciones culturales y políticas del siglo XX. Reconocer esta genealogía no disminuye la creatividad de los maestros modernos, sino que permite comprender el yoga como una tradición viva, caracterizada por la adaptación, la experimentación y el diálogo constante entre pasado y presente.
Al final, más allá de los debates historiográficos, el yoga se valida en la experiencia directa, que es la materia prima del yoga. El cuerpo en movimiento, la respiración y la atención siguen siendo —ayer como hoy— el verdadero texto vivo del yoga.
Introducción
Durante gran parte del siglo XX y comienzos del XXI, la historia del yoga postural moderno fue narrada —tanto en ámbitos académicos como divulgativos— como el resultado de una profunda reinvención ocurrida en la India colonial y poscolonial. Según esta narrativa, el énfasis contemporáneo en las posturas corporales (āsana), las secuencias dinámicas (vinyāsa), las transiciones y las contra posturas sería, en gran medida, una creación moderna asociada a figuras paradigmáticas como T. Krishnamacharya, Swami Sivananda y sus discípulos más influyentes.
Esta interpretación fue formulada con rigor historiográfico por autores como Joseph S. Alter, Mark Singleton y Elliott Goldberg, quienes mostraron de manera convincente la influencia de la cultura física, el nacionalismo indio y los sistemas gimnásticos modernos en la configuración del yoga postural del siglo XX.
Sin embargo, investigaciones filológicas y históricas más recientes han matizado de forma sustancial esta tesis. El descubrimiento y análisis de manuscritos de yoga premodernos, especialmente de los siglos XVII y XVIII, ha revelado la existencia de sistemas posturales complejos, dinámicos y físicamente exigentes, que cuestionan la idea de una ruptura radical entre el haṭhayoga premoderno y el yoga postural moderno.
Trabajos como los de Jason Birch (2018), Birch y Singleton (2019), así como el estudio Premodern Yogāsanas and Modern Postural Practice: Distinct Regional Collections of Āsanas on the Eve of Colonialism, muestran que muchas de las prácticas consideradas “modernas” poseen antecedentes claros, aunque fragmentarios y poco sistematizados, en tradiciones anteriores al colonialismo.
Entre la desilusión y la comprensión: una pregunta incómoda sobre el yoga
Durante años practiqué yoga con la convicción —compartida por muchos— de estar participando en una tradición corporal antigua y continua. Esa certeza se resquebrajó cuando aparecieron libros influyentes que analizaban la historia y el origen del yoga moderno y que sugerían que gran parte de las posturas contemporáneas provenían de la gimnasia escandinava, del entrenamiento militar o de la cultura física colonial. Recuerdo una desilusión real, casi íntima: ¿había estado practicando una invención moderna presentada como tradición milenaria?.
Vivía en India ¿qué pasaba con todo lo que veía, sentía y aprendía de los maestros? No podía ser que todo fuera una invención colonial. !Menudo show tan bien montado tienen aquí!. Aquello no encajaba. Era evidente que las prácticas evolucionan, se transforman y se adaptan para seguir vivas; que algunos aspectos del yoga postural moderno son, y deben ser, adaptaciones contemporáneas, especialmente ahora que comprendemos mejor la fisiología y la biomecánica del cuerpo. Pero ¿qué ocurría con las tradiciones, los linajes, las transmisiones orales? ¿Acaso no habían conservado el conocimiento a través de una cadena viva de enseñanza?. Aún estaban ahí los textos del yoga medieval con los que muchos comenzamos, así como los relatos y observaciones de viajeros europeos que dejaron constancia de prácticas corporales anteriores al siglo XX. Sin embargo, desde ese momento, todo parecía quedar bajo sospecha.
Sin embargo, aquí en la India se sigue respirando un aroma antiguo. Tienes la sensación de estar participando de una experiencia que viene de lejos, incluso cuando su cultura contemporánea trate torpemente de reescribir sus huellas con tinta de modernidad, o cuando percibes la astucia del indio moverse sigilosa para "colarte" algo, incluso su disposición a empaquetar y vender lo espiritual al gusto occidental. A pesar de todo ello, la intuición persiste: sus ciencias, sus prácticas y sus formas de conocimiento no surgieron ayer.
Con el tiempo comprendí que aquella lectura inicial era incompleta. No porque la investigación académica fuese errónea, sino porque su recepción fue, a menudo, simplificada. El péndulo se desplazó demasiado hacia una explicación única. Investigaciones posteriores han permitido devolverlo a una posición más equilibrada.
La proliferación de āsanas en el haṭhayoga tardío
El trabajo de Jason Birch marca un punto de inflexión en el estudio histórico de las āsanas. A partir del análisis de manuscritos inéditos o poco estudiados, Birch demostró que, desde al menos el siglo XVI, se produce una proliferación significativa de posturas en los textos de haṭhayoga. Obras como el Jogapradīpyakā, la Yogāsanamālā y, de manera especialmente relevante, el Haṭhābhyāsapaddhati, describen listas de ochenta y cuatro, cien o incluso más de ciento diez āsanas.
Estas posturas no se limitan a formas sentadas y estaticas, sino que incluyen inversiones, equilibrios sobre brazos, flexiones, extensiones y movimientos repetitivos. En algunos casos, las descripciones sugieren prácticas secuenciales y un uso del movimiento coordinado con la respiración, elementos tradicionalmente atribuidos al yoga moderno.
La evidencia presentada por Birch indica que, antes de la llegada del colonialismo británico, existían tradiciones yóguicas que valoraban el desarrollo físico, la fuerza, la resistencia y la destreza corporal como parte integral del camino del haṭhayoga. Estas tradiciones, sin embargo, no formaban un sistema homogéneo ni estaban institucionalizadas de la manera en que lo estaría el yoga moderno.


Bharatharī āsana (n.º 58) de la Jogapradīpyakā ilustrada, Add MS 24099, f. 60. © BriKsh Library Board.
Ni pura antigüedad ni invención moderna
Hoy sabemos que el yoga postural moderno es un fenómeno híbrido. Es moderno en su forma institucional, global y pedagógica; pero no surge de la nada. Investigadores como Jason Birch, Jacqueline Hargreaves y Mark Singleton han documentado un amplio archivo de prácticas premodernas: textos sánscritos y vernáculos que describen decenas —e incluso cientos— de āsanas, así como secuencias dinámicas con transiciones, movimientos repetidos y contra posturas.
Obras como el Haṭhābhyāsapaddhati (siglos XVIII–XIX) muestran sistemas de práctica corporal sorprendentemente cercanos a lo que hoy llamaríamos vinyāsa: saltos, flexiones encadenadas, cuclillas y movimientos rítmicos. Estas prácticas coexistían con disciplinas físicas indígenas como el vyāyāma o la lucha, y formaban parte de una cultura corporal sofisticada anterior al colonialismo.


Buda Bose en “Hasta Chaturkonasana” (Bose 1938: 77, Fig. 33). © Fotogradas de Michael Shapiro.
Vāmahastacatuṣkoṇāsana del Caurāśī Āsana (Śrīnṛsiṃhaśarmā 1911: 35, n.º 65).
Referencias:
Singleton, M. (2010). Yoga Body. Oxford University Press.
Alter, J. S. (2004). Yoga in Modern India. Princeton University Press.
Birch, J. (2018). The proliferation of āsanas in late-medieval yoga texts.
Birch, J., & Singleton, M. (2019). Dynamic āsana sequences in the Haṭhābhyāsapaddhati.
Birch, J., & Hargreaves, J. (2023). Premodern yogāsanas and modern postural practice.
Orofino, G. (2023). The Dawn of Physical Yoga. SOAS.
Mallinson, J., & Szántó, P.-D. (2021). The Amṛtasiddhi. EFEO.
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