Saṃskāra: la arquitectura sutil de la mente (Parte 1)
5/8/202410 min read
Una anatomía narrativa de las huellas que nos piensan y sostienen el yoga
Introducción: las memorias que nos condicionan
La intuición india sostiene una idea tan radical como sencilla: somos muy antiguos. No antiguos en el sentido biográfico, sino en el sentido de estar habitados por memorias que no recordamos, por impulsos que nos preceden que moldean la personalidad inclinando nuestros hábitos; inclinaciones que se repiten como si fuesen la gramática íntima de nuestra existencia. Somos “una flecha en movimiento”, impulsada por corrientes que rara vez vemos pero que determinan nuestro modo de ser en el mundo.
Cada tradición contemplativa —desde los himnos del Ṛgveda hasta la refinada psicología del budismo mahāyāna—coinciden en algo esencial: la mente no es una superficie nueva, sino un campo fértil labrado por huellas. Marcas dejadas por experiencias, emociones, hábitos, deseos y, también, por lo que olvidamos (olvido en sentido literario: aquello que opera sin ser recordado). Los sabios llamaron a estas huellas saṃskāras: impresiones profundas que modelan nuestras percepciones, decisiones y expectativas, configurando el paisaje entero de nuestra vida interior.
Comprender los saṃskāras no es un ejercicio “arqueológico”: no se trata de desenterrar un pasado remoto, sino de entender por qué reaccionamos antes de pensar; por qué repetimos patrones que creíamos superados; por qué una palabra despierta una vergüenza antigua; por qué nuestra mente regresa, una y otra vez, a ciertos escenarios afectivos. Pero comprenderlos es también ver por qué existe la posibilidad de detener esa inercia, de liberarse. Porque si las huellas condicionan, la práctica las transforma.
Este artículo reúne la voz de los textos clásicos, el rigor de la investigación académica contemporánea y la claridad pedagógica de las tradiciones contemplativas para ofrecer una cartografía rigurosa y evocadora sobre este concepto fundamental que todo caminante (yogui, yoguini, aprendiz o maestro), debería conocer. Pues en ello descansa la orientación de la brújula que guía el camino hacia el objetivo del yoga.
1. ¿Qué es un saṃskāra? Nacimiento, etimología y evolución histórica del concepto
Un hilo que atraviesa los Vedas, el Samkhya, el Yoga y el Budismo
El término saṃskāra no aparece como sustantivo psicológico en los textos védicos más antiguos (Śruti), aunque sí encontramos su raíz verbal. Deriva de √kṛ (“hacer, preparar”), con el prefijo sam- (“juntos, completamente”). En el Ṛgveda aparece como adjetivo (“bien preparado, refinado”), vinculado a la elaboración de ritos y purificaciones. En ese contexto temprano, saṃskṛ- significa preparar, pulir, ordenar. Es un término litúrgico, no psicológico.
Fue en los contextos śramaṇa (movimientos renunciantes) —especialmente el budismo temprano— donde el término comenzó a adquirir connotación mental, que lo convirtió en una categoría operativa para describir formaciones volitivas que condicionan la experiencia.
Kapani traza con precisión esta evolución: el paso de una preparación litúrgica a una huella kármica que condiciona la continuidad del yo empírico. Según Hamilton, la formulación técnica de saṅkhāra (páli) en el budismo temprano representa un giro conceptual profundo: ya no se trata de “algo formado”, sino de la fuerza formativa misma, el motor que impulsa la cadena del origen dependiente.
Así, la etimología revela un desplazamiento histórico mayor:
de lo ritual → a lo psicológico → a lo soteriológico.
2. Bajo la piel de la mente: saṃskāra, vāsanā y kleśa — una anatomía del condicionamiento
Tres conceptos que necesitas entender antes de avanzar en yoga
Toda tradición contemplativa necesita un lenguaje para describir aquello que condiciona la experiencia humana. En Yoga y en Budismo, ese lenguaje se articula en tres nociones fundamentales —saṃskāra, vāsanā y kleśa—, que describen capas superpuestas del proceso por el cual se forma, sostiene y transforma el hábito que nos hace ser quienes somos.
Entenderlas con precisión no es un lujo académico, sino un requisito para la práctica profunda, para la meditación y, en última instancia, para comprender qué es lo que el yoga intenta transformar.
2.1 Saṃskāra: la huella que deja la experiencia
Saṃskāra designa la impresión latente que se imprime en el campo mental cada vez que actuamos, sentimos o reaccionamos. No es un recuerdo conceptual, sino una forma de memoria implícita que predispone respuestas futuras. Su función es silenciosa pero decisiva: forma el subsuelo sobre el que se despliegan los estados mentales perceptibles (citta-vṛtti).
Aunque el término adquiere precisión técnica en el Yoga Sūtra, su trasfondo se encuentra ya en la ontología del Sāṃkhya. La Sāṃkhyakārikā (SK) describe cómo las experiencias dejan trazos que se alojan en las funciones del intelecto (buddhi o mahat) condicionando percepciones futuras. Raquel Fernández Formoso, siguiendo a Kapani, Gauḍapāda y Vācaspati Miśra, señala que el término bhāva, presente en la SK, puede identificarse conceptualmente con lo que en Yoga se llamará saṃskāra o vāsanā, aunque la SK menciona saṃskāra solo en un verso y nunca utiliza vāsanā. Esta ausencia no indica inexistencia conceptual, sino una diferencia terminológica: lo que el Yoga sistematiza como “impresiones latentes”, el Sāṃkhya lo despliega bajo la noción de bhāvas, “disposiciones del intelecto”, que cumplen la misma función: almacenar residuos subliminales que determinan carácter, miedos, deseos y actitudes.
Oscar Pujol comenta esta función con claridad: “las impresiones latentes forman el depósito de la mente donde se guardan los recuerdos y toda la información almacenada… son imprescindibles y se conocen por sus efectos, los procesos mentales”. Así, la cualidad de este subsuelo psíquico determina la textura de la superficie mental: estados tranquilos o agitados, amplios o estrechos, compasivos o reactivos.
La Sāṃkhyakārikā añade un matiz esencial: los bhāvas se alojan en el liṅga-śarīra, el “cuerpo sutil”, soporte de la continuidad psíquica (SK 39). Es un principio finito y transformable (liṅga significa “marca” o “signo”), que contiene las huellas, pero también puede reconfigurarse mediante experiencia y conocimiento. Kapani subraya que esto inaugura en Sāṃkhya la noción técnica de “fuerza latente”, vinculada a los procesos cognitivos y afectivos.
En los Yoga Sūtra, el concepto adquiere precisión técnica: la acción (karma), al repetirse, genera huellas (saṃskāra), que sostienen patrones mentales (vṛtti), que a su vez generan nuevas huellas (YS 1.5–1.11). El proceso es circular: repetimos lo que hemos imprimido, e imprimimos aquello que repetimos.
karma → saṃskāra → vṛtti → nuevos saṃskāras
2.1.2 Tipos de saṃskāra en la tradición del Yoga: una precisión necesaria
Tanto Patañjali como otros comentaristas —desde Vyāsa hasta los manuales medievales de sādhanā—han distinguido diversos tipos de saṃskāra para explicar, con mayor fineza, cómo aparecen, cómo se sostienen y cómo pueden ser transformados. Esta distinción no es meramente técnica: orienta la práctica y delimita el tipo de trabajo necesario en cada caso.
1. Vyutthāna‐saṃskāra: las impresiones emergentes
Son las huellas que afloran en la superficie mental y provocan reactividad inmediata. Vyāsa las describe como las impresiones «en ascenso», responsables de que la mente vuelva una y otra vez a viejos patrones. Aun cuando la percepción de un estímulo se atenúe o desaparezca, estas huellas emergentes siguen operativas, listas para reinstalar la antigua respuesta.
2. Nirodha‐saṃskāra: la huella de la detención
Frente a las impresiones emergentes, la práctica de calma profunda —nirodha— genera su propia huella. Los comentaristas llaman a esta huella nirodha-saṃskāra: la marca que deja la detención de la actividad mental. Es una huella de otro orden: no reactiva, sino estabilizadora. Su función es suprimir, o al menos debilitar, las impresiones emergentes, preparando el terreno para lo que Patañjali denomina nirodha-pariṇāma, la transformación de la mente hacia un estado de reposo sostenido (YS 3.9).
3. Bīja / saṃskāra-bīja: las semillas kármicas y causales
En niveles más profundos —atendidos en la tradición exegética y en los paralelos con Yogācāra— aparece la noción de bīja, “semilla”. Estas semillas representan el depósito causal de tendencias que pueden madurar cuando las condiciones son favorables. No son simples impresiones psicológicas, sino potenciales kármicos que explican la continuidad entre actos y experiencias futuras. Los estudios contemporáneos emplean a veces la expresión saṃskāra-bīja para subrayar la continuidad entre huella y semilla.
4. Saṃskāra‐śeṣa: los residuos que aún no han madurado
Algunos comentarios mencionan saṃskāra-śeṣa para referirse a los restos o residuos que persisten incluso tras ciertos estados de absorción o práctica intensa. No son huellas activas, pero tampoco han sido del todo neutralizadas. Representan, por así decir, la sombra de la huella: aquello que “queda” hasta que la práctica profunda (samādhi, viveka-jñāna) completa el proceso de purificación.
En conjunto, estas categorías no implican entidades separadas; son distintos grados de profundidad y operación de la memoria implícita:
· Vyutthāna explica la reactividad.
· Nirodha explica la estabilización.
· Bīja explica la causalidad profunda.
· Śeṣa recuerda que la transformación es gradual.
Esta distinción fina —que las tradiciones desarrollaron para guiar a los practicantes— permiten comprender por qué no todas las huellas se modifican del mismo modo ni con las mismas técnicas. Algunas se debilitan con calma mental; otras exigen trabajo ético; otras, visión penetrante; y las más profundas, prácticas de transformación ontológica. Integrarlas en nuestra comprensión devuelve al yoga su profundidad original: una ciencia del hábito, una alquimia de la memoria y un camino hacia la libertad.
La memoria (smṛti), dice Patañjali, es la no tergiversación de lo percibido (YS 1.11). Pujol comenta que esta memoria surge justamente porque hay una impresión latente capaz de activarse cuando encuentra su causa de manifestación.
En términos prácticos, las huellas responden bien a técnicas de nirodha (estabilización del campo mental), a través de: abhyāsa (práctica continuada para generar nuevas impresiones ordenadas) y vairāgya (desapego que impide). El Yoga aquí es una ingeniería de la repetición: si no se alimenta un saṃskāra, tiende a debilitarse.
2.2 Vāsanā: las impregnaciones profundas que dan forma al carácter
Vāsanā significa “perfume”, impregnación. Pujol clarifica que, mientras saṃskāra es la marca dejada por la experiencia, vāsanā es el residuo impregnador, más profundo que condiciona inclinaciones afectivas y volitivas incluso sin participación consciente.
Kapani observa que algunos textos emplean ambas nociones como sinónimos, pero otros reservan vāsanā para las impregnaciones más antiguas y estructurales que moldean el carácter y sostienen tendencias profundas. Son estas impregnaciones las que explican por qué ciertas emociones reaparecen sin causa clara, o por qué nuestra voluntad se inclina de forma automática hacia patrones que desearíamos abandonar.
A diferencia de los saṃskāras, que pueden debilitarse mediante estabilización (nirodha), las vāsanās requieren un trabajo más profundo: visión discriminativa (viveka), transformación afectiva, prácticas generativas como maitri/metta, etc., y toda una pedagogía emocional que sustituye las tendencias reactivas por disposiciones sanas.
2.3 Kleśa: las raíces que generan huellas
Los kleśa, aunque traducido como aflicciones, para Patañjali, no son sólo aspectos negativos de la mente, sino factores esenciales para su funcionamiento —ignorancia, ego, deseo, aversión y miedo (YS 2.3)— estas fuerzas son las que producen saṃskāras. Son los motores del sufrimiento.
En budismo, sus paralelos son los kilesa o āsava, con algunas diferencias considerables en sus matices doctrinales. En cualquier caso, vemos que, en ambos casos, los kleśa no son huellas, sino fuerzas reactivas que las producen. allí donde hay kleśa, habrá saṃskāra.
Patañjali (YS 2.10–11) afirma que deben ser “debilitados y disueltos”:
— debilitados mediante la práctica de la disciplina ética (pratipakṣa-bhāvanā) (YS 2.33–34),
— y disueltos en la raíz mediante discernimiento profundo (YS 2.10–11).
Así, los kleśa no son huellas: son sus generadores. Sin su desactivación, toda ingeniería del hábito queda incompleta.
2.4 Bīja: las semillas que sostienen la continuidad
Por último, cabría destacar que, en ciertos sistemas, particularmente en Yogācāra, Vedāntay algunos textos tántricos, aparece la noción de un nivel más profundo de condicionamiento: las bīja, “semillas” kármicas alojadas en un sustrato sutil (ālaya-vijñāna en la tradición budista y kāraṇa-śarīra en Vedānta). Estas explican la continuidad de patrones entre vidas, la maduración diferida de actos y el surgimiento de disposiciones sin causa aparente en la experiencia inmediata.
Son estructuras causales profundas, no meras huellas psicológicas. Por ello, su transformación requiere prácticas soteriológicas: visión penetrante (vipassanā), meditación no-dual, mantras, rituales tántricos o procesos de purificación ontológica.
Las semillas kármicas son aquello que, bajo condiciones adecuadas, germina y reconfigura toda una estructura mental.
Así, huella (saṃskāra), tendencia (vāsanā), aflicción (kleśa) y semilla (bīja) no son tres términos para una misma cosa, sino tres planos de una misma dinámica de condicionamiento: el primero inmediato y psicológico; el segundo afectivo y estructural; el tercero generador; el cuarto causal y metafísico. Juntos conforman la topografía invisible sobre la que trabaja el yoga. Conocer esta geografía es comprender de qué está hecha nuestra mente, hacia dónde puede dirigirse y cuando la práctica se convierte en transformación.


3. Saṃskāra en el Budismo temprano: formaciones que edifican el yo
El budismo temprano incorpora saṅkhāra (en páli) en su anatomía del sufrimiento. En la formulación de la ley del origen dependiente (paṭicca-samuppāda), saṅkhāra ocupa un lugar central: es el impulso formativo que, condicionado por la ignorancia (avijjā), pone en marcha la rueda del devenir. Así, saṅkhāra es a la vez actividad volitiva y condición formativa: no es un simple epifenómeno, sino la energía que fabrica futuros campos de experiencia.
En los Nikāyas encontramos saṅkhāra como:
1. Formación condicionada: todo lo que está compuesto es, en algún sentido, un saṅkhāra (todo lo formado es anicca).
2. Volición/actividad: acciones intencionales que dejan su sello.
3. Factor agregado: uno de los cinco khandha, el “constituyente volitivo”.
El punto crucial es que, para el budismo, la liberación se define como el cese de esas formaciones: la extinción de los saṅkhāra que sostienen la continuidad. La práctica: jhāna, vipassanā y las prácticas contemplativas conducen a la evidencia de la transitoriedad de todas las formaciones y a su desactivación.
Raquel Fernández Formoso ofrece una lectura que convoca la idea de trance como umbral: ciertos estados meditativos funcionan como momentos liminares donde las impresiones emergen y se disuelven; la destrucción de los saṃskāras es, por tanto, algo que puede, y a menudo es, mediado por trances (de diversa naturaleza) que permiten una experiencia cognitiva nueva y liberadora. Su aproximación es, por tanto, fenomenológica y textual a la vez: examina cómo los textos describen la caída de las huellas en condiciones de meditación profunda y qué significa esto en la trayectoria del practicante.
Continua en el siguiente articulo...


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